lunes, 23 de febrero de 2009

JULIO Mª CASTILLA AROCHA, PINTURA


Cuando me encuentro ante la puerta de casa, el buzón de la publicidad rebosa monstruos multicolor que intentan atrapar mi alma y comprarla al más bajo precio: el consumo. Obviamente, miro hacia otro lado.
Delante del televisor, es otra vez el mismo monstruo... Su lenguaje es diferente, pero sus intenciones son las mismas... Y tú sabes que la semiótica sí me puede atrapar. Es cierto que a veces me engulle y me parte el alma en dos: el humano, la bestia. Los dos corazones que luchan entre sí constantemente.
Salgo a la calle de nuevo, esquivo carteles, reclamos y megáfonos; vendedores ambulantes y quioscos de loterías, otros ejemplos de tentación consumista.
Y ahora mis ojos se arrastran a montones de basura, que, abandonada por mis contemporáneos, esperan a ser recogidas. A veces me paro, junto a otros a los que estos supermercados libres también han llamado, y recojo una caja de cigarros vacía, un espejo roto o un juguete al que le falta una pieza. En ese instante, la cadena del consumo empieza a formatearse.
Diseño del cartel: Lucio Gat

JULIO Mª CASTILLA AROCHA (OBRA EXPUESTA)














































sábado, 24 de enero de 2009

Eva Bebre, "Bestias en la ciudad"

Cuando el hombre apareció sobre la tierra, aún no sabemos exactamente cuándo ni cómo, las necesidades eran sencillas: las regía la supervivencia, conseguir el sustento diario y un sitio donde pasar la noche.
Conforme la especie fue evolucionando, todo el protocolo de relaciones se complicó hasta el infinito en algunas sociedades, y el desarrollo de algunas industrias o modos de vida ha dejado a lo largo de la historia un amplio muestrario de ellos.
Hombre, mujer. Y todas las combinaciones posibles de escalafones sociales se han ido enredando, en muchos casos de manera incomprensible, hasta hacer que las relaciones humanas sean imposibles en muchas sociedades o en muchos momentos de la historia.
En la mayoría de las ocasiones, estas relaciones se sustentan sobre grandes contratos, en grandes mentiras, de los que nos ha sido muy difícil desembarazarnos. La máscara ha sido en ocasiones duras de arrancar. Y muchas de ellas siguen sobre nuestros rostros.






Autor del cartel: Eva Bebre.

"Bestias en la ciudad", por Eva Bebre





































lunes, 15 de diciembre de 2008

CUENTO, una exposición colectiva








No sabremos nunca cuándo se contó la primera historia, el primer cuento. Tampoco si tenía un feliz final, o acababa en tragedia. Ni si su objeto era enseñar o transmitir algo al que lo oía, o sólo tenía como único sentido entretener, o hacer dormir a un niño.


Hace mucho tiempo, eso sí lo sabemos. El fuego debía estar encendido, y al calor del hogar, la familia, o el clan, o la tribu, se reunía a escuchar al anciano, al chamán, al sabio, al abuelo. Debía ser, imagino, una historia llena de misterio, de luz de luna, de imágenes incomprensibles muchas veces. Trataría sobre el pasado del grupo, sus migraciones, sus luchas contra otras tribus, sus dioses, sus creencias. Se representaría más que se contaría, y entre muecas y aspavientos el relator sería el protagonista de una noche fantástica, en la que se olvidarían por un tiempo las carencias del grupo.


Estas historias nunca serían escritas, o si lo fueron nunca llegarán a nuestros oídos. La tradición era muy probablemente sólo oral, y el círculo en el que la historia se contaba se limitaba al grupo más cercano. Es posible que, con la aparición de otras estructuras sociales, las historias fueran un 'objeto' más de intercambio entre los distintos grupos, sin autor conocido, sin origen preciso. Es posible que este fuera el embrión de los relatos mitológicos. O es posible que en mis divagaciones esté iendo demasiado lejos...


También es posible que las primeras historias surgieran antes de que lo hiciera el lenguaje avanzado, y que las primeras expresiones del cuento fueran las pinturas rupestres. Es otra posible teoría, o divagación...




Ahora, queremos que el cuento se vuelva gráfico de nuevo. Este es el objetivo de esta exposición.
Autor del cartel: El Niño Inquieto

domingo, 2 de noviembre de 2008

Raquel Macías, el retrato imaginario

Si Raquel no tuviera amigos, los soñaría. Con ojos lánguidos para verla, con bocas grandes para contarle sus sueños y hablarle de sus pensamientos. Con fuertes manos para abrazarla.
Si no tuviera un pueblo, lo crearía.

Si no tuviera...


Raquel tiene muchos amigos, muchos pueblos, muchos...

Y tiene una paleta amplia, de colores que viven por sí solos. Líneas que no tienen ley. Volúmenes que se buscan a sí mismos.

Y también una intensidad creativa que tiene antecedentes e inspiración en la historia de la pintura. Ella reconoce que ha aprendido de muchos (Egon Schille, Frida Khalo, Tamara de Lempicka...). Los espectadores ven otras influencias. Pero su personalidad se ha hecho a sí misma y su obra tiene su propio hueco.


Diseño del catel: Lucio Gat.